Antes de plantear esta pregunta consideramos necesario aclara un par de temas: cuanto dura un embarazo y qué es la fecha probable de parto.

El embarazo dura un promedio de 40 semanas, o lo que es lo mismo alrededor de 280 días. Empezamos a contar desde el primer día de la última regla (no desde la concepción); esto equivaldría a unos 9 meses y una semana aproximadamente. Se considera que es a término si el parto ocurre entre la semana 37 y la 42 (si es posterior se considera un embarazo postérmino o un embarazo prolongado). Como veis hay un cierto margen no sólo de días sino que puede alargarse a varias semanas. ¿Sabías que sólo una parte pequeña de bebés nace exactamente en la semana 40 de gestación? La mayoría lo hace entre la semana 39 y la 42.

Y es que la fecha probable de parto (FPP) es sólo una estimación, una referencia médica de seguimiento del embarazo. Se calcula que sólo entre un 4% y 5% de los bebés nacen el mismo día de su FPP; la gran mayoría lo hace alrededor de los 10 días cercanos a la fecha estimada (un 70%). Como veis la precisión de la FPP es muy baja y, por tanto, debería tenerse en cuenta sólo como una referencia y no como “ciencia cierta”.

Dicho esto, ¿cuándo deberíamos inducir el parto?

Inducción al parto: todo lo que necesitas saber

La inducción al parto debe ser una decisión médica consensuada con la mamá que debe plantearse cuando existe un riesgo real para el bebé y/o la mamá. Es decir, que sea más peligroso continuar con el embarazo que finalizarlo.

En líneas generales se recomienda inducirlo no antes de la semana 41 o 42 de gestación si el motivo es que no hay un inicio espontáneo del parto. Sin embargo, es posible realizarlo antes si hay riesgos para la salud de la madre o del bebé. Sin razones médicas justificadas no debería inducirse el parto antes de la semana 39 ya que puede tener consecuencias para el bebé.

¿Cuáles son las principales razones para la inducción?

Si tienes un embarazo prolongado o “postérmino” (más allá de la semana 41-42 de gestación) es posible que tu profesional de referencia te empiece a hablar de la inducción como una opción a valorar (nunca a imponer si no hay motivos médicos).

Si hay cualquier tipo de riesgo para la salud de la mamá tales como preeclampsia, hipertensión, diabetes gestacional no controlada e infecciones uterinas.

Si hay riesgo para el bebé: en estos casos los supuestos más habituales son compromiso fetal o crecimiento lento, tener poco líquido amniótico o por ruptura de membranas , es decir, si se rompe la bolsa pero el trabajo del parto no se inicia por sí mismo pasadas las 24-48h. Se debe evitar los tactos para no coger infecciones.

Si pasas de la semana 41-42 puedes pedir una inducción electiva si así lo sientes, pero ten en cuenta que suelen ser partos más largos. Te lo contamos a continuación.

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Cosas a tener en cuenta antes de programar la inducción

En general, si es un embarazo de bajo riesgo lo mejor es esperar a que el parto se inicie por sí mismo. Como hemos apuntado anteriormente, entre la semana 39-42 de gestación es cuando se producen la gran mayoría de los nacimientos. Si no es tu caso, no te preocupes aún tienes margen antes de que se tenga que valorar una inducción. Lo más importante es seguir un control estricto del bienestar fetal en las últimas semanas de embarazo y si hay cualquier signo de alarma como que baja la frecuencia cardíaca del bebé, pedir atención médica de inmediato para evitar daños mayores como la muerte fetal.

Hay que recordar que una inducción es un proceso artificial en el que, en la mayoría de casos, se usan métodos farmacológicos para iniciar el trabajo del parto. De ahí que sea muy habitual que se extienda más en el tiempo que un parto natural, pudiendo durar incluso más de 12 horas.

En resumen, un parto natural es la opción ideal para cualquier mujer que tenga un embarazo de bajo riesgo. Si tu embarazo es prolongado o sufres alguna patología que requiera proceder con una inducción, tu obstetra debería ofrecerte las opciones posibles con sus pros y sus contras.