La salud de la placenta es vital para el feto y también para la madre. Este órgano, que se forma en el útero durante el embarazo y se conecta al bebé a través del cordón umbilical, suministra oxígeno y nutrientes al pequeño y elimina los residuos de su sangre. Además, le protege de infecciones y bacterias.

Existen una serie de factores que influyen en la salud de la placenta: alta presión sanguínea, embarazos múltiples, edad materna, fumar, tomar substancias prohibidas durante el embarazo, traumatismo abdominal, cirugías uterinas previas (cesáreas), ruptura prematura de membranas, entre otros.

A continuación detallamos las complicaciones más habituales que afectan a la placenta durante el embarazo.

Placenta previa: dícese de la condición que se produce cuando la placenta se adhiere a la parte inferior de la pared del útero, cubriendo parcial o en su totalidad el cuello uterino. En la mayoría de casos la adhesión se produce en la parte superior. Existen tres tipos de placenta previa: marginal (la placenta no tapa el canal de parto), parcial (la placenta tapa parte del cuello uterino) y total (la placenta cubre la totalidad del cuello del útero). ¿Qué produce la placenta previa? Puede causar sangrado vaginal -en ocasiones, puede resultar severo-, desgarro de la placenta, aumento del riesgo de infección fetal, contracciones, trabajo prematuro de parto. En algunos cosas, esta condición se corrige conforme avanza el embarazo y puede requerir una intervención de cesárea. Es uno de los problemas de placenta más conocidos a pesar de que su incidencia –afecta a uno de cada 200 nacimientos- no es muy alta. Afecta especialmente a aquellas mujeres con algún tipo de anomalía en el útero, en embarazos múltiples o mujeres con muchos embarazos.

Desprendimiento prematuro de placenta: se produce cuando la placenta se separa del útero de manera parcial o completa antes del parto. Un causante de esta complicación, que suele presentarse en el tercer trimestre, es tener la presión arterial alta durante el embarazo. Otros factores de riesgos que pueden desencadenar esta condición son el tabaco, el alcohol, las drogas , la diabetes o la edad avanzada de la madre. También se puede producir por un golpe en la zona bajo del abdomen o por un cambio repentino en el volumen del útero. Entre los síntomas se encuentran: dolor abdominal, contracciones uterinas y sangrado vaginal. Se trata del trastorno más común de la placenta y, la principal causa de muerte fetal y neonatal. Además, es causa de las altas tasas de parto prematuro. Esta condición  puede conllevar la privación de oxígeno y nutrientes que afectarán al desarrollo y crecimiento fetal. Su versión más severa se da en uno de cada 1.600 embarazos.

Placenta envejecida: este órgano tiene un ciclo de vida de máximo 42 semanas y envejece según avanza el embarazo. Cuando la placenta madura más rápido de lo normal y deja de funcionar adecuadamente, hablamos de placenta vieja o envejecida o insuficiencia placentaria. Se produce cuando este órgano no puede suministrar cantidades adecuadas de nutrientes al feto; esto afecta directamente al crecimiento y movimiento fetal y el bajo peso del bebé al nacer. Si se da este caso, cabe valorar la intervención para sacar al bebé si este corre peligro. Algunos factores de riesgo para que se de esta condición son la hipertensión, el tabaco, enfermedad renal o problema vascular de la madre.

Placenta adherida: se da cuando dicho órgano y sus vasos sanguíneos se adhieren y crecen profundamente en la pared del útero. Las complicaciones de esta enfermedad pueden incluir: sangrado vaginal (especialmente durante el tercer trimestre), hemorragia postparto severa, parto por cesárea y histerectomía (extirpación del útero).

Infartos placentarios: La hipertensión severa es la principal causa de esta condición, caracterizada por complicaciones de los vasos sanguíneos. Los infartos placentarios puede restringir el crecimiento fetal y también causar la muerte.

Placenta accreta: se da cuando la placenta  se adhiere demasiado a la pared uterina, pero no penetra el músculo uterino. Se trata de una de las patologías más graves, poco frecuentes y difícil de detectar (se diagnostica a través de una ecografía en el último trimestre). Son más propensas a sufrir esta dolencia aquellas mujeres que han presentado placentas previas o con cesáreas anteriores. Pueden causar el nacimiento prematuro y, con el fin de evitar una hemorragia severa durante el parto, en ocasiones los profesionales optan por programar una intervención.

 

 

 

*Foto de TryJimmy (www.pixabay.com)